Amsterdam, un destino muy turístico

Recién llegado de vacaciones en Holanda, me da por escribir sobre los destinos turísticos contemplados como marcas. ¿Será por deformación profesional?.

Cuando alguien dice Holanda, lo que viene a la mente es quesos, molinos, acceso a drogas blandas, pero, sobre todo, Holanda es Amsterdam con sus canales, su arquitectura Barroca y del Renacimiento con innumerables y maravillosos palacios, su barrio rojo y sobre todo con sus bicicletas.

Teniendo en cuenta que un destino turístico se empieza a construir antes del viaje, ya desde las búsquedas que se hacen en internet, lo primero que me sorprendió es que no existiese información relativa a alternativas de ruta en bicicleta entre las diferentes ciudades. Tampoco rutas recomendadas para 3, 4, 5 días.Si hay sin embargo  empresas que ofrecen sus servicios de alquiler y apoyo logístico para los que quieran estar una semana paladeando, pero, nada para los que como yo, prefieren ir por su cuenta y/o realizan viajes inferiores a una semana.

Pues bien, Llegado a la ciudad de los contrastes, (así la recordaba yo), a la Venecia  del norte, que tenía idealizada, lo segundo que sorprende es la transformación que ha sufrido la ciudad. Es cierto que han pasado ya 20 años desde mi anterior viaje. No es menos cierto que las ciudades son cambiantes, dinámicas, pero…, tengo la impresión confirmada por otras personas de que Amsterdam se ha, en cierrta medida, “vendido” al turismo. Me explico; todo el centro es un escaparate de tiendas, de marcas, las de siempre, las que te encuentras en todas las ciudades y un mar de restaurantes de comida rápida. Ya no hay tanto contraste, todos visten mas o menos igual vayas a la plaza Dam o a la plaza Rembrandt y todo está lleno de turistas, como yo.

El segundo día empezó a llover y claro, ¿que haces?. El tiempo, como condiciona el tiempo a los destinos. Los españoles además nos bloqueamos un poco cuando la lluvia aparece. ¿Vamos a ver el museo de Van Gohh?. Habíamos adquirido las entradas con anterioridad por lo que logramos evitar una importante cola de gente que estaba en el exterior del museo con sus paraguas abiertos y las zapatillas llenas de agua. Lo que no logramos evitar fue la cantidad de gente que estaba dentro del museo mirando cada uno de esos cuadros de trazo rápido y fulgurantes que tanto llaman la atención del pintor impresionista. Y claro, uno no pretende que cierren el museo para sí, pero ….¿no se puede limitar el aforo?. ¿no se puede poner un tejadillo en el exterior para que la gente no se empape mientras espera?. Desde luego, pensando en términos de experiencia, no tiene nada que ver. Y son precisamente eso, experiencias positivas o negativas los que te acabas llevando de vuelta a casa.

Claro que es preciosa la ciudad, desde luego que son acogedores los holandeses y  es una maravilla que, todos, casi sin excepción, hablen un correcto inglés. ¿Será porque no doblan las películas?. Sin embargo, en mi caso, no puedo hablar de haber tenido una experiencia memorable.

Uno no acaba de sentirse ubicado cuando busca la autenticidad en Amsterdam. Y es que ese frágil límite entre lo que es estar volcado con el turista y lo que es la pérdida de identidad, resulta peligroso para las ciudades.

Quizá es que soy más exigente que antes, quizá es que ya no soy tan joven, quizá es que la globalización puede con todo, quizá la experiencia hubiera sido diferente si hubiera ido con… o conocido a… o si hubiera hecho mejor tiempo o …. quizá es que, simplemente, no me convencen los destinos muy turísticos.

Sea como fuere, no hay que perder nunca la identidad. Evidentemente Amsterdam no es ni será Salou, pero, la apuesta clara y decidida por un segmento joven, puede pasarle factura a largo plazo. Hoy es un destino muy turístico, demasiado turístico.

Miguel Yáñez
www.primeroestrategia.com

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